CONSTRUYENDO NUESTRO ECRO

El esquema conceptual, de referencia para operar (ECRO) es definido por José Bleger como el “conjunto de experiencias, conocimientos y afectos con los que un individuo piensa y actúa”.
El ECRO incluye la totalidad organizada de nociones y conceptos generales teóricos que determina una especial e intencionada manera de actuar en la práctica cotidiana para mejorar, transformar o cambiar el entorno en el que actúa Cicerón. Pero el ECRO no está constituido solamente por elementos teórico-técnicos. Está compuesto también por los elementos experienciales de la historia de Cicerón, por los aspectos emocionales, motivacionales y afectivos de sus profesionales y usuarios de los Centros y Servicios que gestiona.
En definitiva, el ECRO constituye la filosofía de Cicerón, determina una cierta manera de aplicar una perspectiva, un modo de ver, un cierto enfoque –grupal, colectivo- para poder pensar la más eficiente manera de acompañamiento entre persona, permitiendo integrar elementos teóricos, experiencia y afectos de las personas (usuarios de servicios y profesionales) con otras cuestiones institucionales para mejorar la calidad de vida de la personas que viven en los Centros y Servicios de Cicerón.
Es importante entender que, si bien Cicerón parte de un ECRO determinado por su biografía, sus postulados teóricos son sometidos a verificación o ratificación en su aplicación práctica, tanto en el proceso de la intervención como cuando se inicia un nuevo proyecto donde los protagonistas son diferentes.
Reflexionamos sobre algunos conceptos claves para Cicerón:
Persona, Grupo Cuasi-familiar.
Concepto de envejecimiento y apego.
Autonomía versus dependencia.
Personas con demencia: su comprensión y cuidados.

Persona, Grupo Cuasi familiar

En los proyecto de Cicerón, la atención está centrada en la persona viviendo en su grupo primario y su entorno comunitario, tal y como recoge la Ley de Servicios Sociales en Castilla-La Mancha: “ la persona es sujeto y centro de la atención, reconociendo su capacidad para la libre elección, para la participación en la toma de decisiones y para ser promotora de su proceso de cambio o mejora, todo ello desde un modelo de atención que promueva un entorno comunitario facilitador del desarrollo de la persona como individuo y miembro activo de la comunidad”.
No debemos olvidar que la historia de la humanidad nos ha enseñado que el tránsito de la naturaleza a la cultura tuvo lugar, principalmente, por la posibilidad de compartir que tuvieron los seres primitivos.
De aquí proviene la tendencia de las personas a interrelacionarse, a agruparse con otros, a asociarse y participar en la vida comunitaria. Desde la más tierna infancia hasta la muerte cada persona vive su historia, habitualmente, en compañía de otras personas que se van a ir sustituyendo en el devenir de la biografía de cada uno.
Estar con los demás y ser parte de un grupo, proporciona tantos o más beneficios para la salud que el ejercicio físico. Entendido así, la relación con los demás cura, aunque también pueda, de vez en cuando, sufrir algún perjuicio.
Por lo común, puesto que somos animales sociales, lo apropiado es conversar, alternar, amar.
Las personas que viven o ingresan en algún Centro o Servicio de Cicerón ya habrán tenido una experiencia más o menos formal de vida en grupo familiar. Son portadores de un modelo de convivencia entre personas consanguíneas. Este bagaje biográfico de cada uno se retoma para ser reseteado en la nueva relación con un pequeño grupo de personas desconocidas con quienes comparte algunas afinidades, pero con quienes nunca ha convivido diariamente, además de no tienen ningún lazo sanguíneo con ellos.

Esta configuración previa servirá para ir estableciendo vínculos afectivos y conformando el pequeño grupo de convivencia donde se reconocerá los valores de colaboración, ayuda mutua, solidaridad, tolerancia y respeto mutuo.
Todos los proyectos de Cicerón se desarrollan en pequeñas unidades (viviendas o residencias pequeñas) que se asemeja arquitectónicamente y en su equipamiento a los hogares tradicionales, por esto decimos que los inmuebles son PAR-ÍGUALES a las viviendas donde las personas viven habitualmente.
En cuanto al estilo de vida que se promueve en estas pequeñas unidades toma como referencia el modelo familiar que se va autorregulando y asentando hasta que se produce una integración de las personas en este medio y se conforma una dinámica CUASI-FAMILIAR donde las necesidades individuales de cada uno se complementan con la interacción y vínculos con los demás, donde la actividad principal está montada en base a la autogestión de los residentes de la vida cotidiana en estrecha relación con la comunidad.
En todo este proceso es muy importante reflexionar sobre la integración de las personas en el grupo. No su adaptación que implicaría una adecuación a las exigencias del medio llevando a una pérdida de la identidad personal y, en muchas ocasiones, a la sublimación o subordinación. Se produce la integración cuando una persona sin renunciar a su personalidad se incorpora a un grupo organizado ya existente participando activamente en él y es aceptado por los demás.

Los residentes irán adquiriendo sus propios roles grupales diferentes. Unos construirán papeles nuevos y otros representarán los mismos que tenían en la convivencia anterior: papeles colaboradores, de liderazgo, roles de chivo expiatorio, roles cuestionadores, de progreso, de pasividad, de boicot, los que callan, etc.
Igualmente en esta dinámica también los profesionales que acompañan están inmersos y es interesante estar atento a los papeles que los residentes les asignan.
Así, en las pequeñas unidades de alojamiento de Cicerón se irá elaborando una trama grupal, o con más precisión, una estructura grupal.
¿Qué es un grupo para nosotros? Tomamos la definición de Pichón Riviere:
“Conjunto restringido de personas que, ligadas por constantes de tiempo y espacio y articuladas por su mutua representación interna, se proponen en forma explícita e implícita llevar a cabo una tarea que constituye su finalidad, interactuando a través de complejos mecanismos de adjudicación y asunción de roles”

Entendido así,el grupo como un conjunto limitado de personas heterogéneas, que comparten un aquí y ahora, y entre las cuales el otro puede ocupar un lugar en el interior de cada uno. Pichón menciona un proyecto en común, en forma explícita e implícita que se logra a través de una tarea que relaciona a un sujeto con otro, entendiendo que lo latente y manifiesto son las dos dimensiones que tiene la tarea.
El grupo permite la vinculación y desarrollo de cada integrante mediante la comunicación y actúa en función de necesidades y su satisfacción.
¿Cuál es el proyecto común del grupo de las personas que viven en Cicerón y cuál es su tarea? Cada grupo de residentes lo irá constituyendo. Todos han venido a vivir a un Centro, independientemente de las circunstancias personales, porque desean compartir la vida con otros y encontrar o retomar su proyecto vital cerca de su ambiente y de su gente. En este deseo está también la expectativa de satisfacer las necesidades de acompañamiento y cuidados que pueden ir precisando en el devenir de la vida. Podríamos decir que la finalidad que tienen en común es esta y las tareas que deben desarrollar son las que se derivan de esta convivencia.
ALFRED VIERKANDT señala además que “los grupos son unidades de la vida asociativa que permanecen a través del ir y venir de los hombres individuales. No solo son permanentes en su forma, orden y estructura, sino también en su vitalidad, sus objetivos, deberes y realizaciones”.

En esta tarea tiene un cometido bien definido el Coordinador del Centro que se preocupa de crear, mantener y fomentar la comunicación, la interrelación.

Por tanto, la atención en los proyectos de Cicerón está centrada en la persona en grupo, e irá dirigida a la consecución de mejoras en todos los ámbitos de la calidad de vida y el bienestar, partiendo del respeto pleno a la dignidad y derechos de unas personas y otras, de los intereses y preferencias individuales y grupales y de la libre elección, en cuanto a su implicación en la dinámica de convivencia grupal.

¿La convivencia en grupo, cómo afecta a la salud y esperanza de vida? Imaginemos que un sujeto, adulto, vive aislado o relativamente aislado: la probabilidad de morir al año siguiente se reduciría más o menos en un 50% si tomara la determinación de integrarse en un grupo. Esta fue una de las conclusiones de Robert D. Putnam. Por ejemplo, contrariamente a las actuales inducciones destinadas a apartarnos del otro, susceptible portador de la gripe A, un trabajo de la Carnegie Mellon City (Psychological Science 2003) aclaraba que aquellos individuos con más contactos y amigos caían enfermos de gripe la mitad de veces que quienes llevaban una existencia aislada.
Estar con los demás y ser parte de un grupo proporciona tantos o más beneficios para la salud que el ejercicio físico
La relación con los demás cura, aunque también pueda, de vez en cuando, matarnos. El cuerpo en apariencia no cambia pero sus defensas sí. Según comprobó la doctora Bernadette Boden de Columbia University sobre una muestra de 655 afectados por ataques cardiacos, la probabilidad de sufrir una recaída se multiplicaba por dos entre los pacientes más solos.
Pero lo mismo vale para aquellos a quienes la edad tiende a robarles la memoria, entre otras cosas. Estar con los demás y ser parte de un grupo proporciona tantos o más beneficios para la salud que el ejercicio físico, muchos fármacos o las dietas.
El grupo humano salvaría a la manera de un cuerpo místico, pero también podría hundirnos si la sociedad no respeta su identidad grupal.

Envejecimiento y apego

La vejez no es una etapa aislada o independiente de la vida. Es parte del proceso vital de cada individuo.
La vida del ser humano transcurre entre dos fenómenos vitales extremos, el nacimiento y la muerte, describiendo entre ellos una parábola cuyas dos partes críticas corresponden a la pubertad y al climaterio.
Esta curva vital determina la existencia de tres períodos: Infancia- Adultez- Senectud
En nuestra concepción, consideramos al hombre como una totalidad dinámica, gestáltica, indivisible en espacio y tiempo que se regula a través de leyes biológicas, psicológicas y sociales; los aspectos genéticos o de la personalidad, a las experiencias vividas, los afectos, las enfermedades, los vínculos, o los estados socio-económicos pertenecen a este universo de contingencias que es el ser humano.
El período climatérico enfrenta al adulto con su transformación en senescente. La vejez, aunque es un proceso evolutivo normal, representa un estatus vital angustiante porque significa el comienzo reglado del envejecimiento.
La revisión retrospectiva de la existencia del ser humano le acerca a los logros obtenidos, las frustraciones y los fracasos, lo que deseó y no pudo ser.
El análisis prospectivo enfrenta al hombre con un futuro más o menos mediato de su muerte.
El enfrentamiento entre el análisis retrospectivo y prospectivo es vivido con más o menos serenidad o angustia dependiendo de cómo se ha vivido anteriormente.
Realizamos este planteamiento preliminar sobre la vejez por dos razones principalmente:
1ª.- Porque parece que hay cierta dificultad en aceptar o entender que la senescencia es un período evolutivo de la vida, con sus características propias, pero de la misma manera que otras edades, tiene rasgos diferentes.
Vejez no es igual a enfermedad. En las sociedades actuales hay una tendencia importante a identificar a los viejos con los discapacitados. Y también esto sucede entre los profesionales, máxime si se trabaja con ancianos frágiles en una institución.
Esta traslación de viejo–enfermo funciona sin darnos cuenta en nosotros. Este prejuicio contra la vejez circula tanto que termina internalizándose en el propio senescente.
Analizamos este prejuicio cuestionándonos el concepto de salud; para matizar que la salud de los mayores debe ser descrita generalmente en función de lo satisfactoria que sea el funcionamiento de cualquiera de las tres áreas de conducta: la mente, el cuerpo y el mundo externo.
La OMS en 1959 propone “la salud de los viejos es mejor medirla en términos de función; el grado de ajuste más que la falta de patología debe ser usada como la medida del monto de servicios que el viejo requiere de la comunidad”.
Esta primera aclaración nos permitirá comprender la metodología que se aplica en Cicerón para el cuidado de los residentes con dependencias funcionales de distinto grado, hacia los cuales facilitaremos exclusivamente la ayuda necesaria, ocupándonos no solamente de los aspectos deficitarios, sino también promoviendo y manteniendo la actividad de los otros órganos sanos de las distintas áreas. Precisamente por esto, porque el residente no es un hombre/mujer enfermo, es esta una actitud de prevención.
2ª.- La segunda razón que nos anima a incluir el concepto de vejez en nuestro ECRO es porque la vejez es un tema conflictivo, no solo para el que la vive en sí mismo, sino también para aquellos que sin ser ancianos aún, diariamente nos enfrentamos a ella desde nuestro quehacer profesional en las distintas áreas profesionales (sanitaria, psicosocial, hostelera, etc.).
En ocasiones los profesionales tratamos de negar reiteradamente nuestro propio envejecimiento, y se lo asignamos exclusivamente al viejo real que tenemos delante en nuestro trabajo.
Con frecuencia los trabajadores nos sentimos con el síndrome asistencial, culpabilizando o desplazando en ocasiones el problema hacia otros lugares (disconformidades genéricas, reivindicaciones sindicales, relación con el jefe, etc.), cuando frecuentemente hay una mirada negada hacia nosotros mismos también como viejos que somos y seremos aún más.
En definitiva, los profesionales que atienden a personas mayores en Cicerón conocen que el envejecimiento es un proceso dinámico normal de la vida humana que desborda el campo de lo biológico, lo psicológico, lo sociocultural y económico. Aspectos, estos, que deben ser considerados en interrelación y evolución permanente. Este fenómeno ha de anclarse en la realidad individual de cada persona, considerando la mella ideológica adquirida, donde las reacciones emocionales ante la propia vejez están determinadas por las circunstancias personales del momento, por la biografía y la personalidad previa.

Para avanzar en la relación entre envejecimiento y apego, retomemos de nuevo la tendencia de las personas a interrelacionarse, a agruparse con otros, a asociarse y participar en la vida comunitaria. ¿Por qué coartarla cuando se vive en una unidad diferente a la casa familiar?
Esta necesidad de relación es esencial para las personas y tiene su fundamento en el apego que se tiene por las cosas y las gentes con quienes se convive. Por esto se dice que el apego es antagonista a la desvinculación que se argumenta por algunos diciendo que las personas mayores tienen la necesidad de separación de la comunidad y de la sociedad.
Desde la más tierna infancia hasta la muerte cada persona vive su historia apegado a objetos y personas que se van sustituyendo en el devenir de la biografía de cada uno. Otro elemento presente en la vida de una persona residente en una pequeña unidad de convivencia es su propio pueblo. En él ha nacido, desarrollado su vida, tal vez, también vivieron sus antepasados. Además de su familia, sus casas y sus gentes, estos residentes son miembros de esta comunidad, con la única diferencia (y no es poca) que ahora ha cambiado de domicilio. Los residentes son parte de su pueblo y están apegados a él. Este sentido de pertenencia permite que no se pierda su identidad y sus vínculos con la comunidad.

Por tanto, el apego está en la base de la vida social, biológica y psíquica de cada individuo que se construye sobre un conjunto estable del mapa de apegos individuales.
No se podría decir con tanta rotundidad que una persona sobrevive gracias a los apegos que desarrolla, pero sí afirmar que existe una actitud general para apegarse a otros como necesidad psíquica.
Por consiguiente, a diferencia del desapego que decíamos antes, el apego es un proceso normal e intrínseco a todos los seres humanos.
Pero, ¿Qué es el apego? Henri Bianchi (1992) lo enuncia de la siguiente manera: “por apego sólo entiendo la idea de un vínculo afectivo muy fuerte con situaciones, estados, signos, y finalmente objetos (entendidos como personas, entidad o un ideal que proveen satisfacción). Se podría decir que el apego es propio de todo psiquismo suficientemente desarrollado, es decir, no solamente del hombre sino de las especies animales”.
Las personas a lo largo de la vida van conformando un entramado complejo de red resistente con hilos que se vinculan, tejiendo un entrelazado que sirve de sostén en el tránsito por la vida. La consistencia y dinámica de este vínculo indispensable que es el apego y de todo el tejido que va construyendo el individuo con él, determinan la historia de una persona y, en consonancia, también su influencia en el envejecimiento humano.

Conforme a estos principios del apego, Cicerón se alía con las siguientes hipótesis:
• El envejecimiento es un proceso dinámico donde el apego actúa como modulador y es un atributo del buen envejecer.
• El apego, como vínculo afectivo, facilita la satisfacción de necesidades o deseos de las personas mayores.

Autonomía versus dependencia.

Los Centros y Servicios que gestiona Cicerón caminan hacia un doble objetivo: prestar servicios de promoción de la autonomía personal a sus usuarios y atender a aquellas personas con alguna dependencia.
Es decir, la búsqueda de la independencia y el acompañamiento a las personas en situación de dependencia serán los pilares de los servicios que se habiliten y se promocionen desde Cicerón.
La Ley de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a Personas en Situación de Dependencia, define la autonomía como “la capacidad de controlar, afrontar y tomar, por propia iniciativa, decisiones personales acerca de cómo vivir de acuerdo con las normas y preferencias propias así como de desarrollar las actividades básicas de la vida diaria”.
Este concepto nos remite a dos capacidades a promover en los residentes: la independencia funcional en su auto-cuidado y la libre elección para tomar decisiones entre una serie de opciones.
El concepto de independencia se puede definir como la capacidad física, Psíquica o intelectual que poseen las personas para desenvolverse por sí mismas en las actividades de la vida diaria. Es este un objetivo a promover para los usuarios de Cicerón: mantener el mayor tiempo posible la autonomía e independencia, impulsando similares actividades a las que una persona realizaba en su hogar, previo a su traslado a un Centro o Servicio de Cicerón.
Un instrumento que ayuda a mantener la autonomía y la independencia es la promoción del envejecimiento activo y la participación social. La Organización Mundial de la Salud define el envejecimiento activo como el “proceso de optimización de las oportunidades de salud, participación y seguridad con el fin de mejorar la calidad de vida a medida que las personas envejecen”.
El envejecimiento activo hace posible que las personas mayores mantengan su potencial de bienestar físico, social y mental, permitiéndoles seguir participando activamente en la sociedad de forma continua, sin que el factor edad, suponga una sensible disminución en lo que a su participación en la vida social, económica o cultural de sus pueblos.
El acceso de una persona a un Centro o Servicio de Cicerón, en modo alguno supondrá un cambio drástico en la relación de ésta con su pueblo y con las personas que constituyen su círculo de relaciones: la familia, los amigos, los compañeros de trabajo, los vecinos. Seguir frecuentando los mismos lugares de pasatiempo, acudir a la Iglesia o al bar será indicador de normalización y de independencia.
¿Qué tipo de programa de envejecimiento activo desarrollamos? La respuesta es muy simple y común: La actividad de las personas en Cicerón es programada sobre las tareas que se requieren para dar respuesta a las necesidades primarias para vivir en colectividad o grupo: ir a la compra, preparar la comida, arreglar la casa, etc. La realización de estas tareas con la supervisión y acompañamiento de los profesionales que se requieran, tienen todos los elementos para promover el envejecimiento activo y saludable y no se requiere programación técnica alguna. Estas tareas cotidianas están cargadas de significados y atributos: son motivadoras, de relación con otras personas dentro y fuera del entorno de convivencia institucional, permiten ejercitar las funciones cognitivas y sirven como actividad física, igualmente. Facilitan la adquisición de un rol personal en el grupo donde se le reconoce su papel reforzando la autoestima, donde tiene la oportunidad de manifestar sus afectos y es querido. La realización de actividades cotidianas evitan la desvinculación social y favorecen la creación o mantenimiento, en su caso, de vínculos afectivos entre las personas contribuyendo a tejer una red de apegos estables y sólidos que influyen en el buen envejecer y la felicidad de una persona.
Desde hace años que Cicerón ha puesto el foco de intervención en facilitar que los usuarios de los Centros y Servicios ejecuten las acciones domésticas, de entretenimiento y de relación que siempre han realizado formando parte activa de su dinámica, comprometida y asumiendo las responsabilidades que el grupo encomienda a cada uno de los usuarios.
Todas estas tareas son ejecutadas siempre respetando la decisión e independencia de cada uno en participar en su realización o mantenerse en otra actitud individual. En cualquier caso, cada persona es libre de adoptar el papel que estime conveniente. Cicerón lo único que hace es que lo muestra o pone a disposición de los usuarios esta opción alternativa: reproducir o continuar la vida que una persona lleva sin desprendimientos de la persona por haberle sobrevenido una nueva circunstancia en la vida relacionada con un problema de salud o socio-familiar o económico.
¿Podríamos considerar que estas actividades sirven de prevención de la dependencia, evitan o retrasan la aparición de discapacidad logrando mantener un nivel óptimo de calidad de vida? Hemos observado en nuestra práctica que esta estrategia funciona bien y las personas están, al menos, igualmente de satisfechas con su vida como se encontraban previo a la participación en un Centro o Servicio de Cicerón.
El Programa de la Organización Mundial de la Salud “Ciudades amigables con las personas mayores” cabalga con esta filosofía de participación de las personas mayores en su entorno comunitario para fomentar un envejecimiento activo. El programa está dirigido a los factores medioambientales, sociales y económicos que influyen en la salud y el bienestar de las personas mayores, siendo un aspecto fundamental contar con la participación activa de estas personas. Se inició en el año 2006 con la reunió de 33 ciudades de 22 países. Aprovechando el gran interés generado por este programa, la OMS creó la Red Mundial de Ciudades Amigables con las Personas Mayores, que a nuestro juicio es el mejor referente teórico y de buenas prácticas para la promoción de cualquier programa de envejecimiento activo.
Otro referente que adopta Cicerón relación a este tema deviene del Dictamen del Comité Económico y Social Europeo sobre «La implicación y participación de las personas mayores en la sociedad» (dictamen de iniciativa) (2013/C 11/04) que concluye: “Las personas mayores son elementos dinámicos, capaces y vitales de nuestra sociedad. Transmiten conocimientos, competencias y experiencia a las generaciones siguientes. De manera individual y colectiva contribuyen a nuestra economía, participan en nuestras comunidades y son un repositorio de nuestra historia. Como miembros de las familias las personas mayores son responsables de fomentar la cohesión y la solidaridad en nuestra sociedad”. Implicación y participación de los mayores

Por último, considerando la otra acepción del término autonomía que decíamos al principio, como libre elección para tomar decisiones entre una serie de opciones, corresponde a un principio fundamental para Cicerón e invade todo el ambiente que se respira en los Centros y Servicios.
Señalamos un emergente que dice de esto: “disponer de llave de la casa o centro, así como de la habitación y del armario”. Siempre que sea posible, cada persona tendrá su propia llave de los lugares privados para decidir en cada momento del día o de la noche, qué hacer y cómo actuar, asumiendo cada uno el riesgo y la responsabilidad que se derivan de ello. (“Como la vida misma”). Si fuera necesario o aconsejado por los profesionales se pondrá en práctica con el consentimiento informado y últimas voluntades.
En otro apartado de esta página Web señalábamos la visión de Cicerón: “ampliar la aplicación de sus prácticas en los Centros y Servicios que gestiona hacia las personas en situación de dependencia y personas con algún tipo de demencia”.
La Ley de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a Personas en Situación de Dependencia, definen la dependencia como “el estado de carácter permanente en que se encuentran las personas que, por razones derivadas de la edad, la enfermedad o la discapacidad, y ligadas a la falta o pérdida de autonomía física, mental, intelectual o sensorial, precisan de la atención de otra u otras personas, o de ayudas importantes para realizar actividades básicas de la vida diaria”, entendidas éstas como “las tareas más elementales de la persona, que le permiten desenvolverse con un mínimo de autonomía e independencia, tales como: el cuidado personal, las actividades domésticas básicas, la movilidad esencial, reconocer personas y objetos, orientarse, entender y ejecutar órdenes o tareas sencillas”.
La dependencia, por tanto, estaría relacionada con la dificultad que tiene una persona para realizar las actividades básicas de la vida diaria (ABVD) y con la propia capacidad para su auto-cuidado de manera autónoma, tales como comer, asearse, vestirse, ducharse, ir al servicio, levantarse/acostarse, andar (con o sin bastón) y dormir.
Otras actividades como las instrumentales y avanzadas de la vida diaria, sobre todo las relacionadas con la movilidad hacia el medio comunitario y la capacidad para administrar, autogobernarse, disfrutar de los bienes sociales y culturales, también estarían presentes en algún grado y nivel en las situaciones de dependencia que viven algunas personas en Cicerón.
Las personas que viven en la vivienda de mayores de Torrijos, en la residencia “San Bartolomé” de Tembleque o aquellos usuarios del servicio “acompaña en casa” van envejeciendo en su entorno y puede que en algún momento se encuentren en alguna situación de dependencia y precisen algún tipo de ayuda o acompañamiento personal.
Es contrario a la propia filosofía y finalidad de Cicerón que justo cuando una persona necesita más apoyo se le separe del medio donde vive, donde es querido y expresa sus afectos, donde es cuidado y cuida, donde ha construido su proyecto de vida y donde desea seguir viviendo a pesar de haber sobrevenido nuevas circunstancias de salud o socio-familiares o laborales que requieren un proceso de reajuste y adaptación a esta situación que sin lugar a duda será más favorable cuando se realiza en su propio medio.
En la idea central de todo el proyecto de Cicerón está operar en el medio donde se encuentra cada persona. Esta manera de pensar el acompañamiento a las personas ha constituido el “leit-motiv” de Cicerón: por regla general, mantener los vínculos entre las personas y su medio natural reporta más beneficio para la salud y el propio bienestar que su traslado a Centros de cuidados sanitarios especializados lejos de su casa, su pueblo y de los suyos.
En estas circunstancias, proceder a su traslado a un Centro de cuidados alejado de su entorno es una acción inapropiada y contraproducente para esta persona. Supondrá una pérdida que a bien seguro repercutirá en el empeoramiento de su salud y que afectaría también al grupo de personas con quienes ha compartido su vida.
Cuando el usuario de algún Centro o Servicio de Cicerón se encuentre en alguna situación de dependencia se habilitarán los servicios profesionales y recursos necesarios para su correcta atención integral de mutuo acuerdo con estos residentes y sus familias, con el fin de reformular el plan individual de vida y acompañamiento en el mismo entorno y rodeado de las personas que le quieren.

Personas con demencia: su comprensión y cuidados

A lo largo de la historia de Cicerón, las personas residentes en la Vivienda de mayores con algún tipo de demencia han convivido y participado en el grupo, han sido aceptadas y acompañadas por los miembros del grupo. Han sido queridas y respetadas. En ningún momento se ha producido una exclusión por las diversas modalidades de sus comportamientos. Siempre había una explicación comprensiva de sus conductas o expresiones atípicas.
En las sesiones grupales siempre han participado y han sido aceptados y cuidados por sus otros compañeros quienes mejor que el Coordinador de grupo han interpretado su discurso verbal que era comprendido por el resto de residentes. Han convivido junto a otras personas sin demencia, aunque con otras dolencias en otras áreas (una persona invidente, otro con ansiedad, otro con las dos piernas amputadas, otra con una enfermedad obstructiva crónica, otra persona con sentimiento de abandono familiar, etc.)
Resaltaríamos la sensibilidad y el respeto de los profesionales en la relación con estos residentes y su buen hacer en el acompañamiento y su papel integrador en el grupo. Esta labor de los profesionales ha sido exquisita para mantener informados a los demás residentes y a los familiares sobre la evolución esperada de la enfermedad y en qué consiste el mejor trato para las residentes con demencia. Su curiosidad por indagar la mejor manera de acompañamiento no ha cesado. Una conclusión obtuvieron: en el acompañamiento y cuidado de las personas con demencia debe prevalecer la relación personal por encima de cualquier acción de cuidados. Los tiempos para que las personas con demencia realicen las actividades de la vida diaria son diferentes a los tiempos organizados por la Vivienda, y han de prevalecer los tiempos de las personas.
Hemos escrito sobre ello y lo hemos dado a conocer en congresos y seminarios resaltando entre toda esta actividad una importante investigación con distintos países de la Unión Europea sobre “El acogimiento de las personas que sufren demencia en una pequeña unidad de alojamiento y convivencia”
Pensamos desde Cicerón que la principal disfunción que tiene la persona con demencia está registrada en la esfera mental. Por consiguiente, entendemos que el cuidado principal debe estar centrado en este ámbito.
En algunas ocasiones, las personas con demencia también experimentan otros desarreglos en la esfera somática, precisando algunas ayudas para su resolución: incontinencias, problemas de deglución, de movilidad, en el aseo, etc., que también deben ser prestadas con esmero y calidad.
Lo importante es no olvidar, y así lo ponen en práctica los profesionales de Cicerón que a pesar de éstos desarreglos, al relacionarnos con las personas con demencia para accionar en estas ayudas, no se priorizará la ejecución del cuidado (baño, alimentación, etc.), sino que es la relación con éstos la que debe primar por encima de todo.
De esta manera, en ocasiones por ejemplo, trasladar el momento del aseo a otra ocasión y no forzar su ejecución, puede tranquilizar a la persona con demencia y puede facilitar que en otra oportunidad se pueda realizar el baño sin rechazo y con mayor colaboración. Aunque bien es cierto, que no existen fórmulas universales y la actitud para los cuidados no tiene una regla fija. Por esto la importancia de comprender a la persona y mantener una relación con ella.
Entre la persona con demencia y su cuidador se produce una relación de empatía que refiere la capacidad de compartir los sentimientos de otros a base de la percepción de su expresión, generando vivencias análogas a las que existen en las otras personas.
Las manifestaciones de las personas con demencia en un grupo de personas que conviven proporcionan múltiples reacciones y contradicciones con actitudes muy dispares unas veces de protección y otras de rechazo, pero también de relación personal humana y natural que es la actitud que debe fortalecerse desde donde se desprenden frecuentemente comportamientos de solidaridad y ayuda.
Es muy importante que los profesionales y el grupo de residentes estén muy cualificados, tenga una actitud comprensiva a la vez que estén entrenados para afrontar estas situaciones y puedan contener estos momentos para cuidar a las personas y al grupo.
Deben ser conocidas las conductas habituales no solamente por parte de los profesionales, sino también por parte de los residentes, y de sus manifestaciones según las fases de evolución, para permitir una relación de comprensión, sin connotaciones negativas y sin rechazos o enfrentamientos por manifestaciones verbales que pueden originar malestar si son interpretadas de manera errónea a la intención que tiene en sus expresiones una persona con demencia.
La demencia no es un obstáculo definitivo para la comunicación, para la relación personal con quienes se convive en la residencia, para compartir el mismo espacio, para participar en las reuniones del grupo, etc.
Existen otras maneras de comunicarse diferentes a la verbal que permiten igualmente la manifestación de sentimientos y afectos. Es preciso indagar en ellas para que afloren espontáneamente y nos permitan comunicarnos.
En definitiva, en Cicerón de existir un residente con demencia, no existe trato discriminatorio porque tengan manifestaciones “atípicas”, ni se negará el derecho a relacionarse, ni tampoco la posibilidad de disfrutar al máximo de los momentos felices, ni de utilizar al máximo las aptitudes que se tienen para comunicarse con los demás. Es una persona que pertenece al grupo.
La actitud de apoyo de los cuidadores, y el respeto de los compañeros entre sí, que refieren la normalidad de la vida diaria, trae consigo la inclusión voluntaria de estos residentes en la dinámica grupal de la que todos son participes, de una u otra manera, en Cicerón.
Los sentimientos propios del ser humano, de solidaridad y ayuda afloran de manera natural sin necesidad de indicación alguna en los compañeros que necesitarán de los apoyos profesionales necesarios para que no se desborden en su intención de hacer el bien.
En el período de demencia leve pueden plantearse cuestiones relativas a su evolución desde los aspectos de cuidados hasta los aspectos de asesoramiento legal, tratando de evitar desacuerdos entre familia y residente, estimulando un proceso de comunicación continuada. La familia así, debe ser parte importante del proceso de comunicación.
Aunque el valor de la seguridad es importante, la vivencia indigna que generan las restricciones, no justifica su uso excepto en situaciones muy limites como algún caso de delirium. La estrategia preferida será no usar restricciones. La restricción física, química o ambiental no debe ser usada como alternativa a la seguridad.
El documento Sitges, un trabajo que profundiza en la valoración de capacidades en pacientes con demencia propone que “un modelo de sociedad longeva, con derechos y deberes, en el que las necesidades sanitarias y sociales interactúen a modo de vasos comunicantes en busca de un equilibrio que facilite el estado de bienestar, sólo es posible en un medio que combine un alto nivel de conocimientos, habilidades profesionales y tecnología, con una profunda sensibilidad hacia las necesidades de los demás, en un entorno solidario abierto a los valores de la persona por encima de intereses profesionales, científicos y económicos”.
En el proceso de toma de decisiones que propone Cicerón, es necesario considerar la persona con demencia como un proceso que evoluciona a lo largo del tiempo, y con cambios en este su devenir. Por tanto, la capacidad del residente para decidir, que debe ser respetada en todo el proceso, será también de características cambiantes, y a estos cambios se debe adaptar el proceso de toma de decisiones, haciendo una evaluación continuada del mismo.
Promovemos una dignidad básica en el cuidado de las personas con demencia, que todo ser humano posee por el simple hecho de su humanidad. Uno no podría hacer nada para obtenerla y nada le haría perder la dignidad. Incluso en ausencia de capacidad para decidir y actuar autónomamente, como es el caso de las personas con demencia, una ética de la dignidad haría que nosotros respondiéramos y respetáramos a este valor moral básico.
No obstante, en aquellos casos donde se observe una situación de pérdida grave de capacidad cognitiva para tomar decisiones y de ello se puedan derivar riesgos y perjuicios para sus intereses y para sus propias condiciones de vida, se promoverá la incapacitación legal, así como la aplicación de los protocolos de consentimiento informado y voluntades anticipadas.
Fijamos la intervención con las personas con demencia en relación a los residentes, sus familias y los profesionales.

En relación a los residentes:

• La detección precoz del inicio de la demencia para lo cual utilizamos el test de Informador que es un dispositivo al que recurre Atención Primaria de Salud para esta finalidad.
• La actitud terapéutica utilizada está basada en mantener la interrelación con las personas. A la vez, seguimos las indicaciones que se refieren para el manejo de los Síntomas Conductuales y Psicológicos de la Demencia (SCPD).
• Por último, estamos muy concienciados en encontrar permanentemente un equilibrio entre seguridad y libertad a la hora de determinar una prescripción facultativa para el uso de contenciones físicas o mecánicas, salvo riesgo para la integridad de la persona.

En relación a las familias:

• Seguimos el enfoque que propone el documento Sitges de informar y hacer partícipe a la persona afectada y su familia de cómo irá evolucionando su enfermedad. A la vez, realizamos educación para la salud con los grupos de familiares que se encuentran en esta situación.

En relación a los profesionales:

• La idea principal es la formación y su cuidado para evitar el desgaste profesional. Para ello en los curso de formación incluimos una parte de explicación teórica y otra de grupo de trabajo que nos permite dialogar del significado subjetivo del cuidado que se presta a los residentes afectados. Disponemos de un programa de formación con esta técnica.