NOTA DE PRENSA 01/03/2016 Consejería de Bienestar Social. Castilla La Mancha es la tercer CCAA por número de plazas

El Gobierno regional consolidó durante 2015 la red de viviendas para mayores, con 1.489 plazas, en 141 municipios.

La consejera de Bienestar Social ha anunciado que estudia crear una “experiencia piloto” de atención a las personas mayores dependientes, en viviendas en el medio rural donde se haga compatible el servicio de ayuda a domicilio con otras prestaciones.

 

Toledo, 1 de marzo de 2016.- La consejera de Bienestar Social, Aurelia Sánchez, ha confirmado que la red de viviendas para mayores “quedó consolidada” en 2015 con 146 viviendas, con un total de 1.489 plazas que se localizaron en 141 municipios “de zonas rurales de la región” y que estudia implementarla con una “experiencia piloto” que permita compatibilizar la ayuda a domicilio con otras prestaciones.

La consejera ha recordado que Castilla-La Mancha es la tercera comunidad autónoma de España en número de plazas, solo por detrás de Cataluña y País Vasco, en este formato de atención para personas mayores, con 1.489  plazas y que en los últimos cuatro años se han perdido 22 viviendas y 122 plazas, que tuvieron que cerrar por los recortes en la subvenciones, con lo que “122 personas tuvieron que abandonar su pueblo para irse a vivir a una residencia quedando desvinculados del entorno donde nacieron”.

La consejera de Bienestar Social, Aurelia Sánchez, ha puesto en valor este “recurso de alojamiento y convivencia para personas mayores en el medio rural”, por lo que tiene de parecido a los hogares habituales y “donde se reproduce el modelo de vida familiar que todos conocemos”.

La provincia con mayor número de viviendas para mayores en 2015 fue Cuenca, con 58 viviendas y 549 plazas; seguida de Ciudad Real con 35 viviendas y 314 plazas; Guadalajara, con 32 viviendas y 315 plazas; Toledo con 12 viviendas y 125 plazas y Albacete con 9 viviendas y 81 plazas.

Se trata de viviendas normalizadas para mayores donde un pequeño grupo de 8 o 10 personas viven juntas, colaborando en las realización de las actividades domésticas de cada día, participando en la vida comunitarias como lo venía haciendo y continúan la vinculación con su pueblo, al que pertenecen y del que forman parte integrante con sus amigos y familiares que le han visto nacer, crecer y dónde esperan vivir  su propio proceso de envejecimiento.

Experiencia piloto en el medio rural
“Queremos enviar un mensaje de esperanza a todos estos ciudadanos y ciudadanas mayores de estos pequeños pueblecitos”, ha resaltado la consejera, “en municipios como Alcoroches en Guadalajara, de 141 habitantes o Almodovar del Pinar en Cuenca, con 455 habitantes”.

“Decirles que estamos estudiando iniciar una experiencia piloto que nos permita indagar cuáles son las posibilidades que tienen las viviendas del medio rural para poder atender a los convivientes que sufran alguna dependencia, incluyéndolos en el servicio de ayuda a domicilio SAAD, dotándoles de servicios compatibles con esa ayuda a domicilio, de manera semejante a como si estuvieran en su propio hogar”, ha anunciado la consejera.

Mientras que en España se afianzaba el modelo de atención en grandes residencias y en grandes núcleos de población implicando para los mayores la necesidad de  desvincularse de sus pueblos para recibir la atención necesaria, ya a mediados de los años 90 en países como Bélgica, Holanda, Alemania, Francia, Reino Unido, Dinamarca, entre otros, se desarrollaba un profundo cambio de modelo de alojamiento tendente a facilitar satisfacer los deseos de las personas mayores de vivir como en casa, construyendo pequeñas unidades de convivencia allí donde estos residían.

Sin embargo, Castilla-La Mancha fue visionaria de este cambio e inició la construcción de un modelo parecido creando las entonces llamadas “viviendas tuteladas”. La construcción de esta red de viviendas de mayores se inició en el año 1991 y ha seguido creciendo hasta el año 2011 cuando llegaron los recortes a los servicios sociales de los pequeños municipios.

Las viviendas de mayores que no cerraron tuvieron que sufrir los recortes de subvención que era condicionada a su máxima ocupación, desapareciendo los traslados a residencias en el supuesto de estar enfermos, eliminando la asistencia psicosocial que prestaba un equipo de apoyo, etcétera.

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