Al poco, llegó Sancho a la puerta de la mancha. Eran las 13:57 horas. En el pueblo había mucha algarabía. Era día de fiesta, de mercado y de manifestación. Sancho fué preguntando a las gentes del lugar por Don Quijote y nadie sabía su paradero. Buscóle desde la mañana a la tarde. En este tiempo encontró a gentes que le conocieron en el mercado y le narraron sus aventuras y desventuras. Otros, los pastores, se preguntaban si iba Sancho a poder remediar los males de Don Quijote. Iba pasado el día, se aventuraba la noche y aún había mucha incertidumbre. Vacilante, se acercó Sancho al lugar de morada de Don Quijote pero no recibió explicación alguna. Romántico, Sancho, salió a las eras a respirar aire puro y observar el anochecer para inspiración de las desconocidas andanzas que debiera emprender con Don Quijote. Buscó fuerzas para su misión.

El encuentro entre Sancho y Don Quijote se produjo bien entrada la noche. Estaba muy oscuro. La morada era grande y desolada. Hacía frío de invierno. El ambiente estaba escarchado. Don Quijote entre sueños, saludó a Sancho y le dijo: ahora vamos a dormir, échate a mi lado, hazme compañía y sueña conmigo que mañana empezaremos una aventura. Fue una noche angustiosa, inquietante y pesarosa cuando observó  Sancho la armadura y las cinchas de Rocinante colgando junto al  catre de Don Quijote.

Durmió feliz Don Quijote aquella noche y no Sancho que estuvo inquieto y desatalentado con pesadillas y con extraños sueños. Fue una noche angustiosa, inquietante y pesarosa motivada por la descompuesta armadura que observó Sancho junto al  catre donde dormía Don Quijote.

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